jueves, 31 de marzo de 2011

La Imaginación

Una de las cosas que más admiro en los niños y que la verdad ahora no recuerdo si yo tenía, es la imaginación. Sí jugaba con mi hermana e inventaba historias, pero no recuerdo haber tenido la imaginación que ahora veo en mi pequeño, y como es probable que él tampoco lo recuerde cuando sea mayor, decidí escribirlo aquí.

Hace algunos meses empezó a querer que Mickey Mouse y Buzz participaran de nuestras actividades, ya no sólo jugaba con ellos, ahora había que darles una cucharada de sopa, la medicina que le tocaba tomar, bañarlos! En parte era algo desesperante, porque cuando nos sentábamos a comer, tocaba "darles sopa" a Mickey y Buzz primero, y sólo así aceptaba él la cucharada, así que era más tiempo invertido en la comida... pero tambié era divertido verlo, preocupado de que se alimentaran bien y que disfrutaran incluso un poco de refresco, jeje. Con la medicina, incluso agradecía a los benditos muñecos que sí cooperaban a tomar su medicina, así Gabriel tampoco se quejaba. Y en cuanto al baño, la primera vez que quiso bañarlos me negué porque pensé "tardarán mucho en secarse y luego me los va a pedir", pero fue tal su berrinche que las siguientes veces preferí bañarlos (así de paso ya quedaban limpiecitos), no los baña diario, pero el día que les toca baño, ahí vamos todos.

También me sorprenden sus pláticas. Hace unos días se le ocurrió rayar a Mickey y Buzz con un plumón! Ay, Dios mío, me iba a dar un infarto al ver que parecían maras tatuados (sin ofender)! pero no tenía caso regañar a Gabriel, al fin son sus juguetes, y espero que se les vaya quitando con el tiempo (aunque ya no estoy tan segura, jeje), pero lo que me dio más risa fue que mi mamá me dijo: "pregúntale quién los rayó". Ásí que le pregunté y él me contestó: "Abuela", jajaja, desde entonces él insiste en que la abuela los rayó, no hay manera de hacerle cambiar de opinión.

En la guardería hay una maestra que lo consiente mucho, se llama Any, y todos los días (incluídos fines de semana que no la ve), dice: "Peinó Any" (me peinó Any, y se toca la cabeza), y lo mismo si le preguntó quién le dió de comer, quién lo llevó al baño, quién lo consintió cuando otro niño le pegó, etc, siempre es Any, hasta empiezo a creer que Any sólo lo cuida a él, jaja. Aunque sólo lo de peinarse insiste en que fue Any los fines de semana, las demás actividades sí me dice que fue su abuela o alguien más.

Se que estas respuestas no están dentro de las "mentiras", así que incluso si alguien le dice que es mentira eso (o peor aun, que le digan mentiroso), yo les digo que no, que Gabriel no miente, tiene imaginación... o quizá en el caso de que Any lo peina los fines de semana, en realidad me platica que lo peina durante la semana, no se. Pero no quiero que nadie le diga mentiroso, cuando él aun ni sabe mentir.

Por ejemplo, hace unos días llegué a la casa y cuando entré a mi recámara estaban Gabriel y mi mamá en la cama, Gabriel tapado con una cobija (claramente se veía que estaba jugando a esconderse de mí), así que yo pregunté en voz alta: "¿Se fue Gabriel?", y él abajo de la cobija me contestó: "Ajá" (últimamente no dice "sí", contesta "ajá", culpa de la familia que decimos así)... jajaja, yo moría de risa porque se delató, así que insisto, no sabe mentir, es un juego...

Posando con Buzz y Mickey, el día que llegaron, antes de ser "tatuados"


Nota final: ayer me recordó mi mamá que el día que tatuó a Buzz y Mickey fue el mismo día que a él le pintaron la carita en la guardería, así que supongo que quizo disfrazarlos también (lástima que fue con plumón indeleble)

viernes, 25 de marzo de 2011

Mi Papá

Mi papá hoy cumple 59 años. Yo nací cuando él iba a cumplir 30 años! y la verdad es que en estos 29 años, no puedo imaginar mi vida sin él. No es el hombre perfecto, y quizá como papá cometió errores, pero es una papá como pocos, capaz de revertir los errores que cometió su propio padre con sus hijos, capaz de cambiar, capaz de aceptarnos como somos.

Siempre me he sentido unida a él, y aunque hemos peleado mucho también, se que ésto se debe a que tenemos el mismo carácter (al fin padre e hija, jeje). En la forma de ser diferimos mucho, pero igual entiendo que se debe a las cosas que yo he vivido y las que a él le tocaron.

Mi papá me enseñó a leer. Me explicaba todas las operaciones de matemáticas que no entendía. Admiro de él que siempre cumple su palabra, si algo promete, lo cumple, no importa si pasan días o semanas, sabes que algún día lo cumplirá (de no ser así, ni siquiera lo prometería). Admiro que a pesar de haber sido educado en una sociedad aun más machista que la actual, supo valorar a sus mujeres (mi mamá, mi hermana y yo), fue el primero que nos motivó a mi hermana y a mí a estudiar, y en la medida de sus posibilidades nos dio todo.

Ha sido un gran apoyo para mí ahora que soy mamá, no ha tomado el papel de padre con mi hijo, porque yo decidí que no quería que se perdiera el ser abuelo de Gabriel. Aun así, tampoco soy de las personas que piensa que sólo los papás tenemos derecho (y obligación) de educar a los niños, todos en mi familia tienen derecho a educarlo, de alguna forma todos influyen por la convivencia que tenemos, y también tienen derecho a regañarlo (aunque la verdad casi nunca usan ese derecho, está muy cosentido).

Ahora me fascina verlo jugar futbol con Gabriel, cuando lo carga, lo abraza, se nota que se aman mutuamente. Bueno, y cuando lo escucho hablar de Gabriel me pregunto si disfrutó tanto siendo papá como disfruta ser abuelo...

El día que Gabriel empezó a andar en su triciclo, mi papá y yo fuimos los primeros en verlo, y se que estaba tan orgulloso como yo. Siempre me dice que Gabriel es el más inteligente, el más guapo, el mejor niño (disculpen todos, es que se nos cae la baba por mi angelito).

¡Feliz cumpleaños, papi! y Gracias Dios por darme un papá tan bueno, te quiero, papi.

jueves, 24 de marzo de 2011

Momentos que amo

Hace unos días leí que sería buena idea recordarnos las virtudes que tienen los niños, más que insistir en sus defectos, lo cual me parece muy lógico y razonable, no sólo con los niños, sino con todos nuestros seres queridos, pero como este blog tiene especial dedicatoria para mi pequeño, decidí hacer una lista de esas virtudes y momentos que amo de mi pequeño:

* Gabriel es muy cariñoso.

Tiene su carácter, pero también tiene a sus personas más queridas, y sabe demostrar su cariño.

Con mis papás, es raro el día que no les da un beso de buenas noches, y si está de buen humor también reparte abrazos. Me alegra cuando le grita a su abuelo: ABELOOO!! ... BESO! y bueno, a mi papá ya lo tiene más que conquistado, al igual que a mi mamá.

Con mi hermana y mi cuñado, hasta se emociona cuando los ve, deja todo lo que está haciendo y corre a recibirlos. Y qué decir que ya son SUYOS! no hace falta decir que dice con frecuencia "mi mamá, mi mamá" (enfatizando MI), pero hace unos días empezó a decir "mi Jair, mi Gisela", tan bello. Lo bueno es que está bien correspondido y ellos también lo quieren mucho.

* Gabriel tiene mucha energía.

Tanta que a veces no puedo seguirle el ritmo. Nos trae corriendo a todos, parece un general dando órdenes: "colele, abelo, colele, mamá" (córrele en su idioma, jeje), y ese concepto de "ya me cansé, hijo", todavía no le queda claro.

* Gabriel no tiene miedo.

Bueno, sí tiene algunos miedos, por ejemplo a los perros que no conoce, a quedarse solo en un lugar donde no conoce a nadie, y a veces tiene pesadillas... pero en general, me sorprende lo atrevido que puede ser. Creo que es una de las cosas más geniales de ser niño, son capaces de saltar, escalar, correr, aprender cosas nuevas, y mucho más con una facilidad y sin temor a equivocarse (algo que por desgracia perdemos con el tiempo).

* Gabriel no discrimina.

Esa es otra de las cosas maravillosas de la infancia, que perdemos cuando nos dejamos llevar por prejuicios. Gabriel cuando juega con alguien no se fija qué ropa trae puesta, ni quiénes son sus papás, ni la raza o las diferencias que pueden tener, simplemente juega con algún niño cuando ambos están de humor para eso.

Espero nadie se ofenda por una anécdota que voy a contar, creánme que no es mi intención. En una fiesta nos encontramos con un niño más o menos de la edad de Gabriel, y que tenía síndrome de Down, el niño se acercó, y Gabriel aceptó prestarle un cochecito, estuvieron jugando hasta que su mamá llamó al niño, pensando que nos molestaba (no entendí por qué, si estaban jugando tranquilos, pero así le dijo, que regresara el cochecito y no molestara a los demás), yo le dije que no había problema, que estaban tranquilos. El niño estaba tan emocionado que seguía a Gabriel a todos lados, y lo abrazaba (eso sí tuve que cuidar un poco, porque lo abrazaba muy fuerte, el abuelito del niño me advirtió que era muy efusivo), lo malo fue cuando no pude evitar que mordiera a Gabriel, no fue muy grave, y en realidad creo que los papás y abuelos del niño se angustiaron más que yo. No se si soy una mamá muy despreocupada, pero pienso que eso son cosas de niño, entiendo su angustia, porque igual cuando Gabriel muerde a otro niño también me da una pena terrible, pero creo que basta con cuidar que no se hagan mucho daño.

* Gabriel es fuerte.

Su valentía y fuerza las mostró desde que nació, estando en el hospital solito y se que luchó por estar bien. Ahora que es un poco más grande, sabe defender lo que quiere, hasta cómo quiere ser tratado (lo cual en ocasiones también me desespera, debo confesar), nada de que mamá le hable feo o intente obligarlo a hacer, comer, vestirse o cualquier cosa que no quiera, se rebela (Dios! qué me espera cuando sea adolescente).


Bueno, y así puedo seguir con otras cosas, pero será para otro post =)
Dejen sus comentarios, y me cuentan las cosas que aman de sus hijos!

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un poco de Empatía!

Empecé a escribir un blog, casi sin saber nada del tema, apenas había leído ocasionalmente algún blog que me compartían, pero en realidad no sabía ni qué significaba eso de "Seguir" un blog. Luego entré en twitter y conocí a varias personas que escribían además su blog, lo cual me ha parecido muy interesante, es otra forma de conocer a las personas, y compartir experiencias. En realidad como alguna vez comenté, me interesan más los blogs sobre maternidad que sobre cualquier otro tema, porque aunque no vivamos las mismas situaciones, me hacen reflexionar sobre mis creencias e ideas sobre la maternidad, que actualmente y seguramente por muchos años más, es la parte más importante de mi vida, no la única, pero sí la que me parece un reto mayor.

Yo acepto cualquier comentario, y hasta ahora no he recibido algún comentario que me ofenda... si alguna vez lo recibo, pues bienvenido! hace mucho que no me peleo con alguien, jajaja.

Sin embargo, en otros blogs he leído algunos comentarios que francamente me dejan helada. Críticas sobre la forma de educar a un niño, críticas sobre el tema que decidieron tratar, críticas sobre creencias de quienes escriben el blog.

La verdad me sorprende que alguien se tome el tiempo para eso. No digo que alguna vez no leí cosas con las que no estuve de acuerdo, e incluso algunos blogs que comencé a seguir en un principio, los dejé porque francamente me generaban incomodidad con lo que expresaban, quizá soy exagerada, pero eso de las "madres perfectas" francamente me fastidian, no me considero modelo a seguir, ni creo saber todo sobre educación, niños, menos aún sobre cocina o manualidades (que son temas definitivamente esporádicos para mí). Así que el hecho de encontrar a alguien que me diga que puede hacer toooodo para sus hijos, tener su casa hermosa, las uñas perfectas, ser flaca hasta los huesos, comer orgánico, plantar su propio huerto, y aun así sentirse fresca como lechuga, la verdad me aburre, no lo creo, y mejor dar vuelta a la página antes de que me sienta mortificada.

Insisto, no crean que no recibo con gusto los comentarios que me hacen, la verdad soy de las personas que difícilmente se ofenden, aun si no están de acuerdo conmigo. Pero creo que señalar a alguien diciendo que está mal en tal o cual tema, no aporta nada... podemos dar nuestra opinión (que para eso están los comentarios), pero es difícil encontrar un tema en que tengamos la verdad absoluta. Las cosas que pueden estar bien para mí, para otra persona lo más seguro es que estén mal.

En fin, seamos un poco más empáticos, no sabemos la situación que está pasando la persona que escribe, así que pongámonos un poco en su lugar... total, si con alguien no estamos pasando un buen momento al leer, es tan fácil como dar unfollow en twitter, dejar de ser amigos en facebook, o dejar de seguir en blog... es lo bueno del internet, es fácil... en la vida 1.0 es más complicado dar ese "unfollow"...

miércoles, 16 de marzo de 2011

Estos niños de ahora

Educar con respeto tiene un precio (vaya, no todo puede ser miel sobre hojuelas): Papás/Mamás pierden el control de la situación. No me refiero a que se vuelva un caos total la casa, no, pero si antes nuestros padres nos podían decir tranquilamente "No, porque lo digo yo", ahora esa respuesta es inaceptable para un niño (incluso un niño pequeño como el Gabrielito). Cuando trato de hacer algo del tipo "porque lo digo yo", uuuuh... parece que lo sometí a una tortura y que debe defenderse con uñas y dientes.

Espero no me malinterpreten, claro que me alegra ver que sabe defender lo que quiere, eso significa que él piensa que su opinión es importante, sólo que hay ocasiones en que necesitaría que me obedecería "solo porque lo digo yo", por ejemplo, vestirse rápido para ir a la guardería.

Incluso creo que eso es lo que está retardando que deje el pañal, creo que él piensa que se lo estamos imponiendo y reacciona como lo haría un adolescente al que le prohibes a su amigo fulanito "ahora estaré más con él, para que veas que sí es mi amigo" (miren que yo sé de eso, jejeje)... ahora entiendo por qué comparan los terribles 2 años con la adolescencia (dicen que yo estoy pagando mis culpas con Gabriel, yo digo que ya me están quedando a deber, jajaja).

Yo creo que no hay fórmulas mágicas para educar a un niño, cada generación y sobre todo cada familia reinventa el concepto, en función de lo que ha funcionado para ellos y lo que queremos cambiar, ahora muchos pensamos que la crianza con respeto es lo mejor, yo intento educar así a mi pequeño, aunque creo que no lo hago al 100%, a veces todavía me asaltan las ideas conductistas y quiero que haga las cosas "porque yo digo". Pero lo cierto es que no hay una forma mejor o peor de educarlos, al menos esa es mi opinión, creo que cuando la generación de mi pequeño tenga hijos, también criticará nuestra forma de educarlos y los consejos que como sabias ancianas abuelas les daremos.

Aunque sí creo que hay progreso en cada generación. Mi papá fue educado en una cultura machista, pero a pesar de eso, y de que mi abuelo no lo apoyó para que estudiara (no crean que era malo mi abuelo, simplemente estaba condicionado por su propia educación), en fin decía, a pesar de esa educación de mi papá, él no es machista, y vaya que nos apoyó para que estudiáramos (tanto así que él me enseñó a leer). Ahora yo trato de ver los aciertos de mis papás y seguirlos, hicieron muchas cosas bien, creo yo, al menos no me considero mala persona, y soy el resultado de lo que ellos piensan, sienten, creen, aunque claro, corregida y aumentada por las cosas que he vivido...

lunes, 14 de marzo de 2011

Dos Mamás

Hace aproximadamente un año, una amiga me platicó que su hermana a veces era muy dura con su hijo, que incluso veía que el niño le tenía miedo. En una ocasión, el niño le dijo que ya no quería que ella fuera su mamá, que mejor quería que su abuela fuera su mamá... la hermana de mi amiga se enojó mucho, y le dijo que entonces se fuera con ella, que ella tampoco quería ser su mamá.

Como todas las personas, que somos expertas en todo aquello que NO hemos vivido (léase, es más fácil opinar de la vida ajena que de la propia), yo le dije a mi amiga que eso era muy negativo, que los niños no dicen esa clase de cosas porque sean ciertas, sino porque están enojados y no saben cómo expresarlo, también dije que no debería tomarlo en forma personal, aunque estaba segura que era algo muy molesto.

Todo esto viene al caso, porque últimamente Gabriel dice que tiene "dos mamás", sabe que su abuela es su abuela, pero también le dice mamá. Incluso a veces me dice "tú no", quiere que ella le de su comida, que ella juegue, que se acueste a dormir con él, etc, etc. Yo soy muy celosa! Y la verdad me enoja mucho que diga esas cosas, que me haga berrinche, que mi mamá se lo lleve y lo consienta, porque creo que eso agrava la situación, pero también se que no debo contestarle algo que lo lastime (vaya, de algo sirve escuchar el eco de mis propios consejos: "no lo tomes personal", "no lo dice de verdad")...

En parte me alegra ver que Gabriel es seguro de sí mismo, y no teme decir lo que siente, no teme expresar su enojo, ni siquiera contra mí. Pero me cuesta mucho dejar que exprese su enojo, y no expresar yo mi propio enojo... sí le digo que estoy enojada, pero el problema es que estoy tan enojada que podría decirle tantas cosas!! Sólo que se que no debo, antes era muy hiriente cuando estaba enojada, pero me di cuenta que eso sólo alejaría a las personas que de verdad amo, así que ya no lo hago, prefiero quedarme callada (claro que eso implica guardar cierta cantidad de enojo).

Se que esta etapa de Gabriel también es consecuencia de que no estoy todo el día con él, que pasa mucho tiempo con su abuela, quizá hasta es una forma de reclamar mi atención y tiempo, pero no es nada fácil aceptarlo. En fin, también debo recordarme mis palabras: el amor no es incondicional, el amor entre madre e hijo es un amor a primera vista (o a primera patadita de bebé), pero no es eterno, también se debe alimentar y conservar día a día.

Nota final: como hoy pasó todo esto que les acabo de contar, sólo se me ocurrió dejarlo un rato con la abuela, hasta que se me pasó el enojo, fui con ellos y él me volvió a decir "tú allá" (o sea vete para allá), y le dije: "ah, no me quieres aquí? ah, qué lástima porque yo te quiero mucho", y lo besé y le hice cosquillas. Entonces me abrazó y que me acostara con él. Ven? es fácil! (sí, cómo no, uf!!!)

¿Les ha pasado algo similar?

miércoles, 9 de marzo de 2011

¡Amo ser Mamá!

Cuando Gabriel entró a la guardería la psicóloga me entrevistó, me preguntó mil cosas sobre el embarazo, el parto, los primeros meses de mi pequeño (en ese entonces tenía 10 meses). Confieso que tengo mala memoria, así que fue un esfuerzo recordar (sin poder consultar siquiera mis escasas notas, jeje) cuándo había sostenido por sí mismo su cabecita, cuándo se sentó solito, etc, pero sobre todo, hubo dos preguntas que me llamaron la atención y me hicieron reflexionar.

Primero me preguntó: ¿fue un hijo planeado?

Yo contesté que no (bueno, no podía mentir, qué caso tenía).

La siguiente pregunta fue: ¿fue un hijo deseado?

Oooooh... fueron segundos en que vi la inmensa diferencia entre las dos preguntas, y recuerdo que hasta sonreí cuando contesté: ¡Sí!

Aclaro que no creo que sea lo mejor tener una familia como la mía, una familia de dos, sigo pensando que lo ideal es que los niños tengan papá, mamá y si se puede hasta hermanos. Pero me alegró poder contestar que sí deseaba tener a mi pequeño, que no importaba que hubiera llegado en un momento inesperado, que a pesar de que hubo momentos en que dudé mucho de mi capacidad y ganas de tener un bebé, esos momentos pude superarlos y gozar de mi embarazo, de tener a mi pequeño en mis brazos, abrazarlo, besarlo, alimentarlo.

Gabriel llegó en el momento justo a mi vida, llegó a cambiarme, a mostrarme las cosas importantes. Llegó en un momento en que me sentía muy sola, pero no creo que haya llegado a hacerme compañía, llegó para enseñarme a vivir conmigo misma, a aceptarme y amarme así como soy. Él hará su propia vida, y espero nunca necesitar de él (al menos no en exceso), compartiremos muchos momentos, quiero ganarme su confianza y mantener siempre su amor, quiero verlo crecer, aprender, y sí, en algún momento espero verlo hacer su vida, la que él decida, ya sea enamorarse, casarse, estudiar, trabajar, tener hijos! Espero saber guiarlo, pero no me tocará a mí decidir, yo ya decidí mi vida, él decidirá la suya.

Creo que Gabriel y yo estábamos destinados a estar juntos, yo estaba destinada a ser su mamá y él a ser mi hijo. También creo que un niño tiene derecho a ser deseado, siempre! No importa si estaba en planes, si resultó como esperábamos o no. Cada vez me sorprendo más porque los niños tienen un sentido especial para saber quién los quiere y quién no... así que lo justo para ellos es saberse amados y deseados, escuchar que son hermosos, inteligentes, agradables. Si no los vemos así, no es problema de ellos, no es que sean malos niños, es problema de nosotros y nuestra actitud.

En fin, ya divago, comenten!

martes, 8 de marzo de 2011

Seguimiento del Peso Bajo

En la visita a la pediatra cuando cumplió 2 años, la pediatra me dijo que Gabriel estaba un poco bajo de peso, por lo que le recetó vitaminas y complementos alimenticios. Ayer fuimos a la revisión, y sí subió, aunque no mucho (medio kg), por lo que seguirá con los complementos (aunque le recetó algunos diferentes).

Aun así, me dijo que lo ve mucho mejor, que su color de piel se ve mejor, y que es muy inquieto y curioso. Se la pasó preguntando ¿qué es esho? de todo lo que veía en su consultorio.

También me alegra que ya coopera más en la consulta, antes apenas entraba se ponía a llorar. Claro que tenía el temor de las vacunas, le tocaron varias consultas que le tenían que aplicar alguna vacuna, así que ya no quería ni ver a la doctora. Ahora sólo se inquieta cuando lo acuesta para revisarlo, pero se calma y sigue las indicaciones que le da la doctora.

No se, por más que hemos insistido en que coma más, creo que no le da tanto apetito. El domingo que fuimos a una fiesta, se subió a los juegos y ya no quería bajar, mejor me hablaba para que le llevara jugo o le diera empanada. Comió bien, pero igual tengo que insistir, no es de los niños que se sienta tranquilamente a devorar su plato y se levanta hasta terminar...

Bueno, luego les contaré cómo nos va en la próxima visita, será el 18 de abril.

viernes, 4 de marzo de 2011

Nuestras Bendiciones a veces son nuestras Maldiciones

Es un poco raro lo que trato de decir... y quizá depende más de la forma en que vemos las cosas que de la situación en sí... pero lo que siento últimamente es que a veces una Bendición se puede volver una Maldición y viceversa.

Me explico. Mi pequeño Gabriel es mi mayor alegría, mi mayor bendición, y por consiguiente, cualquier cosa que pase y nos haga enojar a los dos, se vuelve mi mayor pesadilla y por lo tanto, mi maldición. Ayer precisamente me pasé una tarde terrible porque hizo un berrinche, yo me enojé, me salí de la casa para trabajar y él se quedó llorando. No estuve en paz hasta que llegué por la noche, él todavía estaba un poco berrinchudo, pero al final nos reconciliamos, dormí feliz y desperté feliz de oir sus risitas.

Igualmente una maldición, como lo fue el que Gabriel estuviera enfermito cuando nació, después se volvió una bendición, eso me unió más a él, me hizo darme cuenta de mi responsabilidad, y aunque tenía un miedo terrible de perderlo, fue entonces que me di cuenta que haría cualquier cosa por él, que soy más fuerte de lo que yo misma pensaba. Se que quienes tienen un hijo con algún problema (de salud, de aprendizaje, o de cualquier tipo) me entienden, y quizá yo no podría entenderlas de la misma forma, quizá mis problemas son pequeños en comparación, y lo que esas mamás han aprendido de la enfermedad de sus hijos es imposible de explicar.

Pues bien, todo esto me lleva a otra bendición: mi madre. Es una mujer que quiero muchísimo, que no sólo me dio la vida, me educó y me dio todo lo que estuvo en sus manos, ahora también me ayuda con Gabriel, lo cuida y lo ama igual o más que nos amó a nosotros, y eso considerando que ya no tiene la misma fuerza que antes. Sin embargo, a veces también se ha vuelto mi peor maldición. Pocas veces escucho un buen comentario suyo hacia mí, tal parece que solo es capaz de señalar mis errores y carencias. Uf! me siento como mujer quejumbrosa, amargada y traumada al decir todo esto, pero debo confesar que es la única forma de sacarlo de mi mente, a ella no le puedo decir nada, porque es demasiado sensible y siempre terminamos peleadas.

Ayer cuando Gabriel se durmió (ya estábamos reconciliados), fue a mi recámara y me dijo: "¿ya se durmió? (si) qué bonito está!... ¿te desespera verdad?" Aaaagh!! odio que diga eso. Claro que en el momento que hace berrinches me desespero, pero no es porque no quiera a mi pequeño o porque no lo soporte, es porque a veces no se cómo reaccionar, siento que se agota mi paciencia, y me desespera que yo no sepa actuar tan bien como quisiera! Pero claro, es más fácil para ella señalar que hice algo mal. Cómo es que cuando estamos él y yo jugando, o nos besamos, o estamos riendo, no va y me dice "¿te hace muy feliz, verdad?".

A eso hay que agregarle que no puedo dar un consejo sobre la educación, porque se ríe y dice "muy experta", no!! no soy experta, estoy aprendiendo, pero doy mi punto de vista, lo que a mí me ha funcionado con Gabriel, o lo que viví como hija, como hermana, cosas que a veces ella hizo, o cosa que me hubiera gustado que hiciera.

Un día me sorprendió que haya dicho algo bueno de mí a otra persona, una amiga de ella que le platicó sobre otra muchacha que era madre soltera (una larga historia que no viene al caso), y que la abuela del bebe era quien se encargaba totalmente de él. Y mi mamá dijo "no, Bere no es así, ella sí lo cuida", refiriéndose claro a los fines de semana y a cuando salgo de trabajar. La verdad no es que haya hecho a un lado mi vida, al contrario, incorporé a Gabriel a mi vida y en la pirámide de mis prioridades lo puse hasta arriba, solamente. Algo que toooodas las mamás hacen, pero que mi mamá dijo como un cumplido que confieso me sorprendió muchísimo cuando me contó.

Así es mi madre, mi bendición y mi maldición... supongo que se debe a que no podríamos ser más diferentes, ella muy sensible, muy sacrificada, religiosa... yo, todo lo contrario. Supongo que ella hubiera sido más feliz teniendo sólo a mi hermano (que es su hijo, el mayor, el hombre, bla bla), y a mi hermana (la pequeña, la cariñosa, quien sí la comprende), porque por desgracia soy quien más la ha hecho sufrir, quien más la ha decepcionado, quien menos se parece a ella, quien más se ha alejado de su familia (mis simpatías están más del lado de la familia de mi papá)...

La quiero mucho, es mi madre! como no quererla, gracias a ella soy quien soy, se que hizo lo mejor que pudo cuando nos educó, igualmente cometió errores que intento no repetir, aunque quizá lo hago inconcientemente, y seguramente cometeré otros errores diferentes...

En fin, ya desahogué mi disgusto...

martes, 1 de marzo de 2011

Las buenas mamás también se enojan

Sí, las buenas mamás también se enojan, también pierden la paciencia, también a veces gritan, a veces lloran, a veces no tienen la casa perfecta, y a veces piensan en lo tranquila que sería la vida sin hijos... claro que unos segundos después piensan que la tranquilidad no valdría la pena si sus pequeños no estuvieran ahí para disfrutarla juntos.


Hace unos días, leí un artículo que me gustó mucho, se titula Una buena mamá nunca se enoja (pueden dar clic si quieren leerlo completo, es muy interesante).

Yo creo que Gabriel es quien me enseña cómo ser mamá... me enseña qué necesita de mí, que debo escucharlo, entenderlo y jugar con él, a veces darnos muchos abrazos y besos, y otras veces respetar que no está de humor para besos.

He aprendido mucho de él, y no es por presumir, pero lo que me ha ayudado en el proceso, es la capacidad que tengo para ser empática con las personas, además de muchos consejos y lecturas sobre la crianza con apego y con respeto (muchos blogs y otros tantos consejos de forma personal). Así que por lo menos voy algo preparada psicológicamente para las situaciones de estrés entre mi pequeño y yo. También creo que es una fortuna que mis papás nunca me hayan pegado, así que por lo menos no tengo esa tendencia a pegar.

Gracias a todo eso, he entendido que Gabriel no es un bebé que yo tenga que educar, al menos no de la forma tradicional que parece más adiestramiento que educación, yo creo que debo guiarlo en su vida, enseñarle a respetar a los demás y a sí mismo, y claro que eso implica educación, pero no puedo imponerle nada. Él decide muchas cosas que quiere hacer, o que quiere comer, o personas a quienes quiere ver y a quienes no... y mientras más crezca, más mostrará su individualidad, de eso estoy segura. 

Sin embargo, a pesar de entender todo eso, no faltan días en que me siento superada por la tremenda responsabilidad que tengo, por las miles de cosas que tengo que hacer, por las miles de cosas que no hago, porque quiero ir al cine, o de compras, o estar sola! y no puedo (bueno, a veces sí puedo, pero no con mucha frecuencia), o porque hace un berrinche y no siempre estoy de humor para soportarlo, etc, etc.

Esto de la paciencia confieso que no es lo mío. A veces cuando Gabriel hace algún berrinche, uff... empiezo a pensar cómo podría descargar la ira que tengo por la situación, y se me ocurren una cantidad de cosas que no puedo ni confesarles por lo terribles que son. Pero quizá de algo sirve pensarlas, porque me parecen tan terribles que no las hago, y empiezo a buscar un poco de serenidad en mi corazón, empiezo a intentar alguna estrategia que me hayan aconsejado, que si abrazarlo, hablarle, estar con él... y al cabo de unos minutos termina la tempestad y otra vez es el niño hermoso que adoro y me llena de alegría.

Pensaba hacer una síntesis con los consejos que vienen en el artículo que les comenté al principio (que insisto, les recomiendo leer), pero como este post quedó algo extenso, lo haré en la siguiente (o siguientes?) parte.

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